viernes, julio 08, 2011

De la frustración y la malaeducación

Es 14 de Julio y ya no me queda más que hacer excepto trabajar y mendigar unos euros para poder ir a cualquier lugar de España a comer atún en pan duro y latas de raviolis crudos. Llevo desde finales de Abril pegado a una puñetera silla y sin embargo esa dosis diaria de infelicidad y exasperación no me ha servido para darme cuenta de lo maravillosa que es mi carrera y la facilidad que los contenidos y los programas docentes me dan para aprobarlas. Tal es esto que vuelvo a estar casi como hace dos años, en la cuerda floja, con cuatro aprobados tapandome el rabo y cinco suspensos clavados en mi orto. ¿Y quién dice que la vida en la ciudad será más fácil? Mamá te hace la comida todos los días y tú tienes tiempo para ingerir litros y litros de cerveza con niñatos idealistas descerebrados con cascabeles en los tobillos y una cámara dotada de un botoncito que te supone un aprobado. Pues vaya, siendo todo lo contrario me gusta su filosofía, me gusta su fin.

Ya no sé si el esfuerzo se ha convertido en despropósito, pero cada año que pasa soy un año más viejo y un año más tonto, un año menos que valgo para estudiar y un año más que pierdo de ser buenamente explotado.

Pero ahora solo me queda pensar que haré este próximo mes. Tantos festivales a los que no podré ir, tantos lugares que no visitaré. Y la peor agonía será sin duda ver como el tiempo pasa sin que pueda hacerlo; tan solo deseándolo y autoconvenciéndome de que mi futuro ingenieril es más importante, que debo hipotecar mis 21 por él, y mis 22... y mis 23... y mis...

viernes, mayo 20, 2011

TERREMOTO

Parafrasendo a José A. Pérez (Mi mesa cojea)


El mundo es una gran placa tectónica que resiste la tensión hasta que un día no puede más y se produce el terremoto. Desde hace unos años vivimos el mayor seísmo desde la Segunda Guerra Mundial. No hay mes en que la tierra no se agite en las primeras planas de todos los periódicos. Crisis financiera, política, ideológica y energética, Wikileaks y África.

Aunque el epicentro tiene lugar en Estados Unidos, las ondas sísmicas están destrozando España. Cinco millones de parados, recortes sociales, familias sin trabajo ni esperanza, huérfanos de burbuja y de cultura, súbitamente conscientes de que nuestro Destacado Papel Internacional era un espejismo fruto de la autocomplacencia. El terremoto mundial ha derrumbado nuestro castillo de naipes edificado sin licencia dejando todas las cartas boca arriba. Y la sospecha se ha constatado: íbamos de farol.

Ahora, con la baraja rota e inservible, nuestros democráticamente electos representantes nos piden confianza y paciencia. Todo, nos dicen, ha sido un gran malentendido. Y nos dan eslóganes placebo con promesas placebo mientras compiten por el insulto más ingenioso.

Éste es un país de políticos profesionales y corruptos vocacionales, de dinero negro y favores discretos. Hasta ayer España se obviaba a sí misma por aquello de Barcelona 92, euro y séptima potencia mundial. Pero ahora hay un terremoto y unos cuantos, mira tú por dónde, ya no quieren seguir obviando. Y han empezado a agitarse.

¿Por qué?, se preguntan asombrados los contertulios habituales. Con lo que costó traer la democracia, resoplan. ¡Hasta hubo que dejar que el caudillo palmase y que ETA volase a Carrero Blanco! ¡Cómo se nota, farfullan, que no han vivido una transición!

Y por más que divagan, los contertulios no encuentran un sentido a la agitación aunque el sentido sea obvio. Se agitan porque la tierra se agita. Sólo los muertos y los idiotas se quedan quietos durante un terremoto. Los sensatos, los que aprecian la vida, lo que aun no están muertos corren a las calles y a las plazas. Y llaman a gritos al resto.

Quienes estos días duermen a la intemperie entre pancartas y pegatinas no son anarquistas. No son la extrema izquierda. No son los estudiantes ni los parados, no son perroflautas ni pensionistas, no son de tal o cual plataforma. No son los internautas ni los desencantados.

No son los indignados.

Son los que quieren que soñemos que, todavía hoy, soñar es posible.

sábado, marzo 05, 2011

2 barras de pan rubia

Ayer fui a la panadería de mi barrio a comprar pan. Avisé a la dependienta de mechas peliteñidas en un platino color rubio y le pedí dos barras de pan. Me las dió, pedí la cuenta y echó mano de la calculadora tras lo que varios tecleos después respondió - un euro con sesenta por favor - Modales no le faltan, pero... debería poner una demanda al ministerio por recibir una criminal educación básica.

Ayyy logse logse... Me pregunto si hubiera ocurrido lo mismo pidiéndole la cuenta de dos cafés a Zapatero.