martes, febrero 16, 2010

Pequeño y maltrecho homenaje

-Tú no te fíes, hasta el pensador de tu devoción es el hijo de puta que te meterá una bala entre ceja y ceja, guayabete. Así que yo de tí cogía y al menor descuido, le clavaba la Parabellum en la nuca y hasta el fondo, como si fuera tu pájaro y estuviera hambriento de hembra. Se es rápido y sin remordimientos, no pienses en tu Dios, déjate esas mariconadas si no quieres llevártelas a la tumba antes de tiempo -decía mientras escupía cáscaras de pipa- Como un conejo acorralado me tienen que pillar para yo morir, antes que vivir entre unas rejas privada de mí misma. Esa es la peor muerte, guayabete. Del mismo modo puedes acabar tú tus días, no te acorbades joder, que estamos hasta el cuello de mierda como para estas gilipolleces. Caridad es lo que esperas de tus hermanitas, más lobos son, más sanguinarios que sus canes fieles. Tu último estertor sea pues luchando. Piedad es lo que pides, piedad das, haces lo que dicta tu corazón, y yo no te voy a juzgar. Te cabalgaría hasta la muerte yo misma si por mi fuera, fiera en la cama, extenuando tu sexo, pero será el sedante el que atenúe tu sufrimiento. No se juega con estas cosas cabrón. ¿Y qué íbamos a hacer, guayabete? Ya estábamos en esto, ahora a cargar con la jodienda y arreando. Y no hay más, mas que luchar por sobrevivir, ¿o no es eso lo que dicta tu Dios también? Hazle caso. -con el aliento fresco en su oreja despierta y oye con clarividencia su adiós, embriagado por la suave fragancia de mujer, que sin embargo de otra recordaba - Hasta la próxima, guayabete.

viernes, enero 08, 2010

¡El imperativo de los verbos acaba en «d», no en «r»!

LLevaba mucho tiempo queriendo escribir un artículo de este tipo aunque no sea un lingüísta ni Pérez Reverte. Y dado que he encontrado afortunadamente este lo posteo dada mi vagueza. De todos modos, no lo habría escrito mejor...

No se considera correcto el uso del infinitivo en lugar del imperativo para dirigir una orden a una segunda persona del plural, como se hace a menudo en el habla coloquial.


No debe confundirse el empleo desaconsejable del infinitivo en lugar del imperativo de segunda persona del plural con la aparición del infinitivo con valor exhortativo.

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Cuando se da una orden a una segunda persona (del singular o del plural), deben usarse las formas propias del imperativo, si la oración es afirmativa, o las formas correspondientes del subjuntivo, si la oración es negativa, va introducida por la conjunción que o se dirige a un interlocutor al que se trata de usted.

No se considera correcto, en el habla esmerada, el uso del infinitivo en lugar del imperativo para dirigir una orden a una segunda persona del plural, como se hace a menudo en el habla coloquial.

No debe confundirse el empleo desaconsejable del infinitivo en lugar del imperativo de segunda persona del plural con la aparición del infinitivo con valor exhortativo en indicaciones, advertencias, recomendaciones o avisos dirigidos a un interlocutor colectivo e indeterminado, habituales en las instrucciones de uso de los aparatos, las etiquetas de los productos o los carteles que dan indicaciones;

en ellos se hacen recomendaciones de tipo cívico o prohíben determinadas acciones en lugares públicos: Consumir a temperatura ambiente; Depositar la basura en las papeleras; No fumar; Lavar a mano.

Se trata, en estos casos, de estructuras impersonales en las que no se da una orden directa, sino que se pone de manifiesto una recomendación, una obligación o una prohibición de carácter general, en las que hay que sobrentender fórmulas del tipo Se debe consumir... / Es preciso consumirlo... / Hay que consumirlo... / Se recomienda consumirlo...; Debe depositarse la basura en las papeleras / Hay que depositar la basura a las papeleras; No se puede fumar / No se permite fumar; Debe lavarse a mano / Se recomienda lavarlo a mano.

Solo es válido el empleo del infinitivo con valor de imperativo dirigido a una segunda persona del singular o del plural cuando aparece precedido de la preposición a, uso propio de la lengua oral coloquial: ¡Tú, a callar!; Niños, a dormir.

Palabra de RAE.

(Extraído destrangis de DesEquiLIBROS)